Ciencia y meditación

Beneficios de la meditación (Sí, funciona)

Persona sentada en calma frente al paisaje

La meditación es un entrenamiento: unos minutos al día para relacionarte de otra forma con lo que piensas y sientes.

Photo by Dawid Zawiła / Unsplash

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El cerebro cambia con lo que practicamos. A esa capacidad se le llama plasticidad neuronal, y es la razón por la que tiene sentido hablar de entrenar la atención, igual que entrenamos un músculo: con repetición, poco a poco y sin esperar resultados de un día para otro.

Meditar no es dejar la mente en blanco. Es practicar algo muy concreto: darte cuenta de dónde está tu atención y traerla de vuelta, una y otra vez, sin juzgarte.

¿Qué beneficios de la meditación se han estudiado?

La meditación y el mindfulness llevan décadas en la investigación. En nuestra página de referencias científicas reunimos los libros y autores en los que nos apoyamos. Estos son los efectos que más se repiten, contados sin exagerar:

  1. Atención. Practicar con regularidad puede ayudarte a notar antes cuándo te distraes y a volver a lo que estabas haciendo.
  2. Calma y sueño. Muchas personas usan la meditación para bajar el ritmo antes de dormir. Una mente más quieta suele facilitar el descanso.
  3. Estrés del día a día. Pausas cortas y conscientes ayudan a que el estrés no se acumule sin que te des cuenta.
  4. Emociones. Observar lo que sientes antes de reaccionar te da un pequeño margen para elegir cómo responder. Eso se nota en tus relaciones y en cómo te tratas a ti.
  5. Origen en el ámbito de la salud. El programa de Reducción del Estrés Basado en Mindfulness (MBSR) nació en la Universidad de Massachusetts, de la mano de Jon Kabat-Zinn, para acompañar a personas con estrés y dolor crónico.

Lo que la meditación no es

La meditación es una práctica de bienestar, no un tratamiento. Si estás pasando por ansiedad intensa, depresión u otra dificultad de salud mental, lo indicado es hablar con un profesional. La práctica puede acompañar ese proceso, pero no lo sustituye.

Photo by Aaron Andrew Ang / Unsplash

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¿Cómo empezar a meditar sin complicarte?

No hace falta sentarte con las piernas cruzadas ni tener mucho tiempo. Lo que cuenta es la constancia:

  • Elige un momento fijo. Al despertar, en una pausa del trabajo o antes de dormir. Atar la práctica a algo que ya haces facilita el hábito.
  • Empieza corto. Tres o cinco minutos bastan. Es mejor practicar poco cada día que mucho de vez en cuando.
  • Usa un ancla. La respiración es la más sencilla: nota cómo entra y sale el aire, y cuando te distraigas, vuelve sin regañarte.
  • Practica también fuera de la meditación formal. Puedes caminar, tomarte un café o esperar en una fila con atención plena.

Si quieres profundizar, nuestra guía breve para meditar y los mitos acerca de la meditación son buenos siguientes pasos.

Entrenar la mente quieta y la mente activa

En Bambú pensamos la práctica como un entrenamiento con dos partes. La mente quieta: calma, respiración y sueño, con voces humanas de España y Latinoamérica. Y la mente activa: ejercicios cortos para estimar, explicar y detectar errores en un razonamiento, para seguir pensando por tu cuenta. Unos minutos al día, un plan hecho para ti y un Bambú que crece contigo.

Photo by Deborah Diem / Unsplash

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