Una nueva y extraña “normalidad”: el autocuidado cuando la vida cambia

A veces la vida cambia de golpe y nos toca adaptarnos a una “nueva normalidad” que no elegimos: una mudanza, un cambio de trabajo o la pérdida de uno, una enfermedad propia o de alguien cercano, una separación, cuidar a otra persona o simplemente una etapa de mucha incertidumbre. Lo vivimos a escala global durante la pandemia, y lo vivimos a escala personal muchas veces a lo largo de la vida.
En esos momentos es fácil sentir que no te reconoces, sin tus rutinas de siempre. Y lo primero que solemos dejar de lado es justo lo que más necesitamos: cuidarnos.
Adaptarte a los cambios y a las situaciones adversas
La lista de ajustes puede ser larga: nuevos horarios, menos tiempo con las personas que quieres, preocupaciones económicas, compaginar trabajo, casa y familia a la vez. A eso se pueden sumar el duelo o la enfermedad de alguien cercano. Son muchas batallas al mismo tiempo para la salud mental.
Sentir que todo te desborda en una etapa así no es una falta de fortaleza: es una respuesta normal a algo para lo que nadie te preparó. La buena noticia es que la capacidad de adaptarnos, la resiliencia, también se puede cuidar y entrenar.
Las emociones son las más afectadas
No es fácil convivir con el miedo a que las cosas salgan mal, para ti o para quienes quieres.
La presión y el estrés acompañan los días mientras sigues respondiendo a tus responsabilidades personales, laborales y familiares, aunque estés pasando por situaciones difíciles o dolorosas.
Si sientes que la ansiedad o la tristeza se mantienen en el tiempo y te cuesta seguir con tu día a día, pide apoyo a un profesional de la salud mental. Cuidarte también es saber cuándo pedir ayuda.
Cambiar de rutinas y de estilo de vida
Los cambios también pueden ser una oportunidad. Hay quien aprovecha una etapa difícil para crear rutinas más sanas: comer mejor, moverse más o reservar tiempo para sí y para su familia. Ese estilo de vida puede proteger tu bienestar emocional. Otras veces las emociones nos desbordan y necesitamos ir más despacio. Las dos cosas son humanas.
El autocuidado: protagonista de cualquier nueva normalidad
El autocuidado es una habilidad básica para la salud mental y física. Sin embargo, es lo primero que se desplaza cuando damos prioridad al cuidado de los demás o a las urgencias del día. Y lo que posponemos acaba pasando factura.
Cuidarte empieza por ti, y al cuidarte también cuidas a quienes te rodean. Para eso hace falta consciencia de lo que está pasando: a veces miramos los problemas desde lejos, como si no fueran con nosotros, y no tomamos las medidas que necesitamos. La empatía, contigo y con los demás, acerca esa comprensión.
El autocuidado a veces se confunde con egoísmo. No lo es: cuidarte es el gesto más genuino de amor propio.

Fuente: Bagir Bahana en Unsplash
Cuidar de ti no es solo cuidar tu salud física, sino también tu salud mental. Algunas bases sencillas:
- Duerme lo suficiente y con horarios regulares. Si te cuesta, revisa nuestra guía de higiene del sueño.
- Muévete cada día, aunque sea un paseo corto.
- Come con atención y sin prisas. Te contamos cómo en Mindful eating o alimentación consciente.
- Mantén el contacto con las personas que te hacen bien.
- Pon límites a las noticias, las pantallas y el trabajo fuera de horario.
Volver a salir y a relacionarte, a tu ritmo
Después de una etapa difícil o de aislamiento, retomar la vida social puede generar inquietud. Es natural. Ve poco a poco: empieza por encuentros pequeños con personas de confianza, en lugares donde te sientas a gusto, y date permiso para descansar entre uno y otro.
Prácticas de atención plena para el autocuidado
Esta nueva realidad la construyes tú, y la atención plena puede acompañarte:
- Prácticas de atención plena, para vivir tu rutina diaria con más consciencia en lugar de en piloto automático.
- Prácticas para gestionar las emociones, porque atender a lo que sientes con aceptación y serenidad hace bien a tu salud psicológica. Puedes empezar con Gestión de las emociones en tiempos de crisis.
- Prácticas de autocompasión, para entender que está bien sentir miedo, frustración, impotencia, tristeza o angustia.
- Prácticas de compasión, porque reconocer tu propia vulnerabilidad te ayuda a tener más empatía con los demás y a cuidarlos.
El autocuidado implica vivir con atención plena, como una decisión voluntaria y un compromiso contigo. Con Bambú puedes practicarlo unos minutos al día: una pausa de calma para gestionar las emociones y relajarte, y un ejercicio corto para mantener la mente activa.